Crónicas Celiacas 2

Todo está bien mientras no saquen la pizza

¿Cómo están mis queridxs celiacxs?

 

Esto de sustituir las vocales por x para ser completamente incluyente en el lenguaje suena pertinente en términos sociales pero es una catástrofe lingüística, una suerte de mutilación sintáctica. Pero hagámoslo en aras de ser incluyentes y políticamente correctos, por lo menos en estos tiempos.  Si alguien lee esto en una década probablemente la moda verbal ande en otras ondas, como hace 10 años se usaba el “jóvenes y jóvenas” tendencia provocada por el ahora cannábico presidente Vicente Fox.

Jóvenes y jóvenas, en estos días sin gluten, alcohol y lácteos desde la última (y primera) entrega de Crónicas Celíacas han pasado cosas.  Sigo perdiendo peso, me he quedado casi por completo sin tetillas (cosa buena de todo esto), me he sentido con mucha más energía, no me inflamo y los antojos han estado leves.  

La verdad es que vivir sin harina es fácil mientras no saquen la pizza, los panquecillos o las chelas… Y sí, habrá quien me diga que hay pizzas para celiacos (ya las probé en Vitality y sí rifan, la verdad) también panquecillos (como los de Farmers Kitchen, sabrosos pero de $25 cada uno) y una cerveza que todavía no he probado.  Mi amiga Paz Austin, productora de cerveza artesanal, me contó por Instagram que existe una cerveza mexicana para celiacos, pero todavía no suelta el secreto, en internet encontré la M’Hija sin gluten pero tengo mis reservas con la cerveza artesanal, casi siempre sabe a sopa gaseosa y fría, más herbal que un te chai.

Hay quien afirma que la Corona no tiene gluten y quienes son intolerantes podrían rifarse a tomarla pero según este artículo y varias fuentes más, no es nada recomendable hacerlo pues está hecha de cebada, cereal contraindicado para quien padece enfermedad celiaca.

 

Lo cierto es que nadie va a sacar un six de cerveza libre de gluten, ni en la fiesta más hipster de la historia, a menos que seas tú, y por lo que vale un six de esas cervezas prefiero comprarme unos pantaloncillos y seguir tomando agua.

He incluido la espirulina en mi dieta, 3 veces al día, antes de cada comida para recuperar algo de proteína, además de que me he vuelto más carnívoro que antes.  Lo siento, abracé el veganismo un tiempo pero lo dejé en cuanto se acabaron las cebollitas y llegaron mis tacos al pastor.

No me juzguen soy un omnívoro responsable, trato de comer carne de animales que tuvieron una vida digna - sin encierro ni hormonas - y siempre les doy las gracias por haber dado su vida para que yo siga con la mía.  Práctica que le he inculcado también a mis hijas, es importante agradecer a los seres que se han sacrificado para que te puedas comer unos deliciosos tacos de pollo con guacamole. El guacamole no tiene gluten, benditoseadios.

 

Obviamente he recurrido a la medicina alternativa buscando diagnósticos divergentes y encontré dos.

La genial doctora Natalia Andrade, en Puebla, detectó que padezco Estreptococo y para eso me diagnóstico su épico antibiótico de Epazote Zorrillo, nos mandó a desparasitar a toda la familia con sandía y plátano macho y ahí vamos.  Los síntomas del Estreptococo son similares a los de la enfermedad celíaca, así que le hago caso por no dejar.

En la Ciudad de México pude visitar al Dr. Isaac Goiz, creador del biomagnetismo médico, quien con su poco ortodoxo método de diagnóstico (moviendo los pies mientras declama enfermedades) detectó que padecía (pues ya me curó con imanes) Zika y E. coli.

Nunca he sido muy creyente del diagnóstico con los pies, pero ciertamente los imanes curan.  

 

 

Comprobé la eficacia del biomagnetismo médico la vez que me diagnosticaron Helicobacter pylori (con estudios clínicos) y recurrí al biomagnetismo como único tratamiento, nada de medicinas.  Me pusieron los imanes, el doctor afirmó que estaba curado, fui a sacarme estudios de nuevo y el señor Helicobacter estaba fuera de mi sistema.

Lo cierto es que dejar el gluten me ha hecho sentir bien.  Ya no se me inflama la panza, he recuperado poco a poco la energía, mi estado de ánimo está mejor y no sacrificaría el bienestar por una torta de milanesa.  Sea celiaco o no, vale la pena bajarle al gluten y ver qué tal se siente.

¿Cómo va su vida?


Pablo Zacarías

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